miércoles, 28 de junio de 2017

Agridulce neón


En Suiza soy un artista. Aquí, un maricón pintado. Me llamo Dante, pero prefiero que me llamen Carola. Soy gay y transformista. A menudo visto como mujer a pesar de que alguna vez me han insultado y apedreado. Estoy acostumbrado al rechazo y, aunque me veas así de feo, bajo, peludo y gordito, cuando me transformo soy irresistible.

Y Carola, con sonrisa burlona, mira divertida +
a Andrea, la periodista que prepara un artículo sobre su trayectoria profesional. Carola bate las pestañas mientras bebe vino rosado en una copa de balón repleta de cubitos; cruza las piernas con delicadeza y acerca el cigarrillo mentolado a sus labios en perfecto estado de seducción. Lista para contestar, en tono afrancesado, mientras tararea juguetona ‘Je suis Malade.

¿Mi trayectoria profesional? Pues estudié Arte Dramático, luego trabajé de maquillador en el Teatro de la Ópera de Ginebra y, más tarde, como transformista en cabarets importantes de la Costa Azul, en el Caribe, por Centroeuropa..., hasta que me instalo definitivamente en Ginebra, en La Garconniere. Mira, -dice Carola pensativa- yo he cumplido el sueño de trabajar en lo que quiero pero he de confesarte que he pagado un precio muy alto por conseguirlo.

¿Que cuente algo de mi vida? A los 14 años mi padre me echó de casa por  maricón. Imagina Ginebra en pleno invierno y yo durmiendo varios días en la calle. Acabé en un albergue juvenil y mi madre me visitaba a escondidas. Cómo son las cosas, a mí, por maricón me echaron. Mi hermano, que es un ladrón buscado por la justicia y un yonki, es el orgullo de la casa. El macho. Cuando mi padre enfermó de cáncer lo cuidé hasta que murió. Jamás me dirigió la palabra. Ni siquiera cuando lo lavaba y curaba. Y lo hice con mucho amor porque era mi padre y le quería. Mi hermano nunca lo visitó. Ni siquiera vino al entierro. Ahora ya ves, vivo en Torrevieja, con mi madre desde hace 12 años porque la pobrecita está mayor. A mi hermano le sigue pasando dinero y el resto de la pensión se lo gasta en el bingo. Yo viajo cada tres meses a Ginebra y Marbella para trabajar un poco y mantenerme. No me quejo, la vida a veces es así, - sonríe juguetona mientras alza los brazos como un mago-.

¿Un día normal en el camerino? -Carola entorna los ojos coquetones, le da una calada al cigarro y rie mientras parpadea-. Pues hay muchos nervios porque la función está a punto de empezar. Pero te voy a contar una cosa, - susurra con complicidad mientras acerca su boca al oído de la periodista-. Llego siempre el primero, me pongo un gin tonic y en el camerino me enciendo un cigarro. En el local no se puede fumar, pero ahí sí porque es privado, -abre los ojos y gesticula con exageración- ¡Mataría por un cigarro! - dice a carcajadas-. Después de fumar me siento frente al espejo y comienzo a borrarme. Me borro física y emocionalmente con una capa gruesa de base que cubre por completo mi rostro. Esa primera parte es brusca y dura porque literalmente has de desaparecer para que, con el maquillaje, surja la mujer que llevas dentro. Tengo una anécdota graciosa de mi primer día en La Garconniere, me reí mucho porque me mandaron al sitio de la vedett, que es el más ancho del camerino. Tú ahí, - señalaron entre bromas- que eres la más gorda y aquí, entre tantos trajes, plumas y boas no nos podemos mover.  

Preferiría no hablar de lo duro que me ha sido llegar aquí, de cómo perdí a los tres amores de mi vida en accidentes y de que ahora estoy en secreto con un casado que tiene un cargo público muy importante. Es cierto que a veces estoy triste, sobre todo si llevo tiempo sin ser Carola. Así que, cuando estoy depre Carola sale y me socorre, -explica mientras levanta una ceja seductora y juguetea con los cubitos de su copa-.

Cuando siento que las cosas no son fáciles lo que hago es pensar en todo lo bueno que he vivido, - confiesa orgullosa-. Yo me siento especial y no porque sea más que nadie sino porque tengo el don de transformar a la gente para que saquen su ‘yo’ escondido. Por ejemplo, si a un hombre lo maquillo de mujer, se transforma. Da igual lo basto u ordinario que sea porque al verse así, maquillado, no ve una caricatura, ve a la mujer más maravillosa del mundo. Olvida su tosquedad y se convierte en una dama; en una señora que desborda sensualidad. Al acabar la entrevista Carola despide con un abrazo a la periodista. Big kis, querida, un placer conocerte. Au revoir. 

Al marcharse la periodista, Carola, vuelve a su silla de la cafetería frente al mar contoneándose seductora y coge un cigarro. Un hombre se acerca por detrás, se presenta y, con gentileza, le da fuego.