jueves, 18 de agosto de 2016

El Papa no nos quiere

Leyendo esto me acuerdo de su merced”, leo al amanecer, en un mensaje de texto que me envía mi hermana Marlenys desde Nueva York, junto a un enlace para acceder a una web. Sabe quién es mi periodista favorita y no pierde ocasión para compartir conmigo sus artículos.
Es tan temprano que los ojos no me asisten así que me quito la ropa y entro en la ducha para ver si vuelvo a ser persona. El olor a violetas del gel y el agua me hacen tomar tierra.
Ya en la cafetería, frente a mi café, ese en el que cada día busco un mensaje en sus posos,
abro mi teléfono móvil y pulso sobre el hipervínculo que me llegó desde el Atlántico: 'Soy feliz en Cartagena', titula hoy Leila Guerriero a su escrito semanal en el diario El País. La semana pasada fue: 'La luz limpia de Puebla'. Al leerlo me gustó y no caí en la cuenta de que algo había cambiado, a pesar de la imagen que lo encabezaba y a la que no presté ninguna atención. La rutina me hace eso, se instala y pierdo la atención.
Pensé que, o seguía dormida o el periódico había colocado la misma ilustración en los dos artículos. Un dibujo a mano, hecho por ella, en el que dos figuras con la misma vestimenta, roja y pistacho, caminan bajo un cielo azul nuboso, por una calle con fachadas coloniales de color azul, limón, fresa, verde y morado, con balcones y ventanales enrejados y sobre los que aparecen unas notas manuscritas de esas que maltrazamos sobre libretas de viaje y que, al final, pasado un tiempo, todos olvidamos lo importante de la nota.
Hasta ese momento no caigo en la cuenta de que no son las columnas de opinión que escribe habitualmente en este diario sino que están en la sección de Actualidad bajo la descripción de 'Cuaderno de viaje' y que van numeradas correlativamente y son dos. Leila nos habla de sus viajes y me siento sola.
El presidente francés Hollande hoy hablará con el Papa”, más o menos rezan así varios titulares en Internet. Tratarán el tema del asesinato, en Saint Etienne du Rouvray, donde los fanáticos yihadistas degollaron a un sacerdote francés. Todo apunta a que el gabacho desabrochará con pompa su cinturón y bajará sus pantalones tras los 15 meses de silencio y rechazo del Vaticano a la propuesta de nombrar a Laurent Stefanini como embajador en su sacro estado. Por lo visto, Stefanini, de 56 años, y el que tenía más que sobradas cualidades para ser el candidato perfecto ante el Papa Francisco no tendrá el plácet porque es gay. Lo mismo ocurrió en 2007, siendo presidente Sarkozy, con Jean-Loup Kuhn-Delforge. Hollande protegerá los eventos religiosos y retirará al maricón.
No dice nada sobre el asunto La Verdad, el diario regional de Murcia, que acaban de dejar sobre mi mesa y sobre el que me descubro recorriendo, con las yemas de los dedos, su portada como quien acaricia una lámpara esperando algo mágico.
El Papa no nos quiere. Por más que las lesbianas y gays creyentes mantengan el celibato, se dejen la piel en las cuentas de los rosarios, se coloquen en discreto silencio al final de los asientos durante el culto o sean siervos leales y fregasuelos en sus parroquias. Por más que monjas y sacerdotes gays imploren al cielo y por más que los padres y madres de los homosexuales, avergonzados, se empeñen en curarlos ingresándolos en clínicas de deshomosexualización, en las que les meten a sus hijos un trapo seco entre los dientes mientras les dan descargas eléctricas, la Iglesia Católica no moverá una coma en su doctrina, ni callará la boca soberbia y homófoba que los desprecia con espumarajos desde los púlpitos.
Quién soy yo para juzgar a un homosexual”, dijo el papa Francisco en 2013. Los ojos de Tomi, presidenta del colectivo LGTB 'Entiendes Mazarrón', brillan cuando lo recuerda, “este es diferente, aunque luego no puede llevar a cabo lo que insinúa por culpa de los otros. Por un lado nos bendice y por otro... no sé como decirte, mejor que el anterior es. No le dejan hacer lo que él quisiera”.
Pero no, Tomi, el Papa no te quiere, No nos quiere. Y tampoco a las mujeres ni a los niños y el miércoles de la semana que viene, Leila ya no pondrá tu voz en sus artículos poniendo a caldo al Vaticano, a los gobiernos, a las mafias..., porque està descifrando las notas de su cuaderno de viaje.