miércoles, 17 de diciembre de 2014

"El juglar es un exorcista de demonios en época de crisis, hace soñar"

El actor Matías Tárraga recorre el mundo leyendo caminos con los pies, viste y se alimenta de todo público que le ofrezca unos dineros

Trotamundos, artista de la palabra y el verso que nos pinta la realidad a través de su juego: el verbo. (Continúa)


No es una ilusión hablar de juglares en pleno siglo XXI. Matías Tárraga Manrubia (1975) es un juglar de los de verdad, de mito, de fábula y aventura y, como no puede ser de otra manera, él mismo se ha de presentar: “Oriundo de San Javier, localidad costera de la provincia de Murcia, tierra de piratas berberiscos, castillos fronterizos, maquis de leyenda, cante jondo y acento barroco. De mi tío abuelo, Pedro, guardo las quintillas de los trovos mineros que iba improvisando, de mi madre, María del Carmen, su pasión por el ritmo y la poesía; de cada peculiar artista de mis familias un impulso creativo irremediable. Antes que al teatro (con compañía, director y carromato) nací a los versos y los cuentos (paseando mi sombrero por los bares y las plazas), mientras peleaba con los estudios de Geografía e Historia en una lid a todas luces desigual”. 

Como si de un viaje en el tiempo se tratara el historiador, poeta y juglar Matías Tárraga nos transporta a la Edad Media al preguntarle por los orígenes de su ancestral oficio: “Juglar viene del latín ‘iocularis’, ‘iocus’ que significa juego. El juglar “juega” con la palabra, el verbo; su espacio natural es la fiesta, la plaza, el ágora donde la voz no puede ser coartada y el amo permite al siervo fabular y hacer chanza de la jerarquía, uniéndose en igualdad de condiciones al ritual. En esa catarsis los romances, las leyendas, las coplas, las improvisaciones hacen trascender a la concurrencia sin abandonar el pulso lúdico, motor necesario de todo ritual”.

- Esa crítica social parece que despierta filias y fobias, ¿no?     
- Los Juglares cosechan el interés y la admiración, tanto como el miedo y el desprecio, de sociedades y gobiernos. Son representantes de lo inestable, nómadas en cuerpo, alma y pensamiento, y al tiempo portavoces de la sociedad. Lo que cuenta el juglar, por entonces en las tabernas o en las calles era como una novela rosa. Contaba los entresijos de la corte o anécdotas populares y los relataba por los pueblos. Transmitía noticias, unas veces  sesgadas,  reales o interpretadas. El juglar es el garante de la memoria porque no hace dogma de ella, su función es entretener. El juglar puede actuar delante de un comunista o de un fascista y estar todos jugando al “juego”,  el ritual de la fiesta.

- Sin embargo, en el imaginario colectivo el trovador está mejor considerado que el juglar
 - En el acervo popular el juglar es de una escala social inferior al trovador. Los juglares, por entonces no sabían escribir ni leer, por lo que memorizaban los textos que les daban los trovadores y los pregonaban por los pueblos. A veces los recitaban tal y como se los enseñaba el trovador pero la mayoría de las veces cambiaban la historia. El trovador formaba parte de la corte y era culto, escribía versos o canciones y podían ser hidalgos, abades de monasterios. El juglar actúa en la corte o en la taberna, tiene que jugar a un juego y juega. Los juglares nos resistimos a otorgar a la escritura el estandarte de “salvaguarda de la memoria”, a equiparar lo culto a lo escrito, lo popular a lo superficial, lo oral a lo iletrado.

- No negará que el juglar despierta ciertos temores
 - Sí, dan miedo porque su esencia es ser nómada en cuerpo y alma. Un caminante, un trotamundos,  es inquietante. Cuando uno es nómada aprende que una frontera se cruza dando un paso y esa libertad asusta a los poderes establecidos y a las gentes acomodadas.

- ¿Qué aporta un juglar al siglo XXI?
 Lo mismo que aportaba en Grecia el Aedo, o el juglar en la Edad Media. Son ese garante de la memoria colectiva, son el soporte de esa memoria, canaliza las energías de la fiesta donde el señor y el vasallo son lo mismo, el niño o el viejo, y hace que esa reunión sea armónica.
En tiempos tan fastidiados como los que corren el juglar, a través del juego, de la escena, da voz a lo que da miedo nombrar. Da voz a unos universales de la emoción que en ese momento están constreñidos pues la gente no tiene vehículos para hacerlo. Exorciza los demonios en época de crisis, hace soñar.

- Apenas se oye hablar de juglares en España
 Hay gente que ha investigado la figura del juglar y, actualmente, cada vez hay más, lo mismo ocurrió con los cuentacuentos. Hay juglares especializados y son interdisciplinares. Fernando Fernán Gómez era un juglar, era un artista casi del Renacimiento, cantaba, recitaba, dirigía una escena, era un actor metido en la Real Academia Española, un juglar que cruzó fronteras.
El Hip-Hop, los Clown…, son juglaría como todas las manifestaciones urbanas en las que hay una interrelación con el público a través de la música, la palabra y el ritmo.

- ¿Y en Murcia?
 Murcia tiene mucha tradición, por ejemplo tenemos a Pepa Robles y a muchos troveros, como el tío Juan Rita, especializado en el trovo pero es juglaría. Conversan al cantar con su público.

 - ¿Qué mensaje transmite en sus relatos?
 - No hay  mensaje. Cuando un juglar cuenta una historia en un foro de 300 personas no narra solo una historia sino que se conforman 300 historias distintas, una por cada uno de los oyentes. Cada uno interpreta los símbolos según sus códigos. Un periodista, por ejemplo, informa de manera homogénea para que, lo lea quien lo lea, todos entiendan lo mismo. El juglar tiene otra tarea, que es la de contar historias para que cada uno cree, en su interior, al escucharlo su propia fábula. Contaré una anécdota ocurrida en Montería, una tierra ganadera allá en Colombia. Tras terminar el espectáculo de “Juglar X Juglar”, un caballero del público se acercó emocionado y me felicitó efusivamente: “Me ha encantado todo lo que ha dicho sobre los toros”. Juro y perjuro que yo no había hablado absolutamente nada sobre toros, vacas o cosa semejante; pero él, con su imaginario, había estado viéndolos durante todo el espectáculo.

- ¿Qué proyectos tiene actualmente?
 - Ahora mismo estoy enfrascado en el programa de “Juglares” que estoy desarrollando aquí en San Javier y en Murcia. Mi idea es llevar una programación permanente de juglaría en diversos lugares de la Región, intervenir en espacios penitenciarios, en aulas, trabajar con gente en riesgo de exclusión, etc. Cuando todo esté en marcha quiero comenzar a montar un nuevo espectáculo sobre la “Ida y vuelta”, algo que tengo dando vueltas desde hace tiempo. Una historia sobre la migración, el nomadismo, las fronteras y la memoria. 

- ¿Cómo supo que había nacido para ser juglar?
 - No sé si me he dado cuenta todavía, tal vez cuando me lo preguntan y lo expreso tomo conciencia de que lo que yo hago es juglaría.  Pero todo está en el camino. Como poeta había ganado algunos premios, pero quería escapar de la cárcel escrita; y como narrador echaba de menos el ritmo de las canciones populares y la dinámica del verso. Me encaminé pues hacia el juglar: cuentista, músico, versador y romancero... y funcionó. Recorrí a pie toda la costa española contando y cantando historias, sobreviviendo únicamente del peculio voluntario que me ofrecían los transeúntes en las plazas, y así fui construyendo un estilo y un personaje que hoy, valga la flor, vive de lo que cuenta.

Matías se levanta y coge su sombrero; juega con él entre las manos mientras deja en el aire la sospecha de si es un profeta o un poeta. Como un mago de rutas sin rumbo, intuye la incógnita y alejándose responde:

“La voz del pueblo es la voz de Dios” ya lo dice el bien conocido aforismo latino. La voz de Dios, el rumor de la memoria, el mantra del acontecer humano. Es en ese canto colectivo donde se forjan tradiciones, símbolos, miedos e ideologías”.

 -  Espere… ¿Qué mensaje nos deja?
 Jugar es uno de los actos más trascendentes en la vida. El juego es comunicación sagrada.










LUNES NEGRO

Se acabó la luna del domingo,
se acabó, se extinguió
en un tornasol de mar
sin horizonte.
Se murió la luna,
se apagó o se fue
o se dejó vencer en el espejo.
Hoy hay un hondo cráter negro
que riela su nada
sobre un mar de sombra.
                         Matías Tárraga