domingo, 29 de diciembre de 2013

La cuenca de tus ojos

Suspiras.
Desde el fondo húmedo del azul de tus ojos parto temerosa cuando parpadeas.
Te estremeces.
Mi roce deja un hilo de plata en la piel de tu cara, tu pómulo.
Pronuncias nombres que desconozco y en caída libre me precipito por tu mejilla.
Siento vértigo porque sé, que si alcanzo tu cuello, tu pecho... te perderé. 
Gimes.
La comisura de tu boca me rescata, me fundo en el roce acuoso de los labios, la lengua... regreso a ti y a tu medio, al milagro de formar parte de tu mirada y vuelvo a ser, de nuevo, tu lágrima.