domingo, 29 de diciembre de 2013

En el bosque

Te acercaste a mí, tocaste mi pecho y lancé mi alma al infierno, sin pactos.
Me cegó tu olor, tu sabor y el deseo.
Mis manos eran garras que sujetaban su presa; mi boca ansiosa recorría tu cuerpo como un sendero húmedo, caliente… hasta llegar a morder la pared y lamer su veneno; tus piernas, dos árboles furiosos, encadenaban mi razón, mi cabeza.
Lo poco humano que quedaba de mí se fue con tu grito. Abrí los ojos, tu mirada incendiada dominaba mi cuerpo que se doblegaba.
La sombra alada de tu figura cayó sobre mí y nuevamente fui hechizada ante tu gris plata y tu conjuro.
Mi propio alarido me sumió en el encantamiento. Sucumbí.
Tu tótem contra mi kobong.
Como dos bestias, esa noche, tomamos el bosque. Un cuervo nos condujo hasta nuestro destino.
Lilith abrió sus brazos y rugió. Las nubes se abrieron para dar paso a la luna.
Ni tú ni yo éramos ya humanas.