viernes, 25 de agosto de 2017

Sexo salvaje




Esto de tener sexo una vez en la vida y morir por ello me empina las alas más que el Red Bull. Me excita hasta la extremaunción emanar más feromonas que la colonia Axe en su fragancia ‘almizcle & siete machos ’.


Aquí  nosotros todos. Desquiciados. Salidos. Histéricos. Esperando a que ellas nos tomen para vaciar nuestra existencia aprisionados en su ranura vaginal

miércoles, 28 de junio de 2017

Agridulce neón


En Suiza soy un artista. Aquí, un maricón pintado. Me llamo Dante, pero prefiero que me llamen Carola. Soy gay y transformista. A menudo visto como mujer a pesar de que alguna vez me han insultado y apedreado. Estoy acostumbrado al rechazo y, aunque me veas así de feo, bajo, peludo y gordito, cuando me transformo soy irresistible.

Y Carola, con sonrisa burlona, mira divertida +

domingo, 7 de mayo de 2017

Toyu. En memoria.





Toyu llegó en una caja de zapatos, con más barriga que patas y un hocico largo y fino que ensanchaba en las orejas como un algodón de azúcar, café y chocolate. En realidad se parecía más a un ornitorrinco que a una husky mestiza.

De la caja al sofá. Del sofá a la cama. De los brazos a las faldas y para comer sopitas de leche que lamía tiñendo de nieve su morrito bigotudo.

Toyu ya tiene dientes. Agujas del 12 que descosen

viernes, 24 de marzo de 2017

Del amor y su sabor




Me he enamorado dos veces en mi vida y las dos a quemarropa, sin anestesia y estampando mi huella en papel en blanco. 

Conocí a Noa en

martes, 14 de febrero de 2017

Con mi niño... a las estrellas

I

- ¡Mira! ¡Las luces! ¡Mira, máma, ya vienen!- dice Jorge, recostado en el suelo sobre ella y, ya casi sin voz, apuntando con la mano al cielo. 
- Sí hijo, las veo- susurra Dolores mientras, llorando y sin fuerzas, acaricia la  mejilla de su hijo y ve apagadas las estrellas.


II

Rubén entró en casa de su tía Dolores, la puerta estaba entreabierta y la televisión encendida a toda voz, como siempre. Por la hora que era, le extrañó que no estuviesen ni ella ni Jorge en casa cenando. Entró en la cocina para coger un quinto de cerveza y vio en la mesa de formica un sobre dirigido a él. 

“El cielo me lo trajo, aquí encontró el infierno y

viernes, 27 de enero de 2017

El retrato


En cuanto llegues terminaré de colocar el último retrato que te hice para que te detengas ante él y me preguntes quién es ella. Anónima, es una persona anónima ¿no te parece? Y te alejarás hacia atrás dando un paso, dos, tres mientras centras en tu espalda, con ambas manos, la mochila ocre de piel. 

jueves, 18 de agosto de 2016

El Papa no nos quiere

Leyendo esto me acuerdo de su merced”, leo al amanecer, en un mensaje de texto que me envía mi hermana Marlenys desde Nueva York, junto a un enlace para acceder a una web. Sabe quién es mi periodista favorita y no pierde ocasión para compartir conmigo sus artículos.
Es tan temprano que los ojos no me asisten así que me quito la ropa y entro en la ducha para ver si vuelvo a ser persona. El olor a violetas del gel y el agua me hacen tomar tierra.
Ya en la cafetería, frente a mi café, ese en el que cada día busco un mensaje en sus posos,

miércoles, 13 de abril de 2016

Dunas blancas


La luna en la que Dana desobedeció la prohibición de su abuelo Admún  de visitar a su joven abuela Imany, perdió el miedo a mostrar su monstruoso aspecto.

Admún protegía a su nieta de los rayos del sol y de Imany, y aprovechaba cualquier ocasión para criticar a la joven abuela.

- Es una bruja, una auténtica sájira, capaz de predecir el futuro leyendo en los posos del té

viernes, 14 de agosto de 2015

Amigo imaginario


De niña le contaba mis cosas a Johni, un caballo blanco al que solo yo veía.

Por las tardes, cuando llegaba del colegio y merendaba mi bocadillo de Nocilla, me iba corriendo a la orilla del río y lo cruzaba, pisando sobre las piedras, para no mojarme. En el otro lado, ya en el bosque, saltaba por encima de los matorrales, las piedras y los troncos. Tenía prohibido ir a la montaña porque había lobos pero yo corría y corría pues era un caballo blanco, igual que mi amigo Johni, y los lobos eran como nosotros, seres solitarios. (Siga leyendo)

domingo, 7 de junio de 2015

Asfalto y cartón


Y me acerqué a él porque lo vi echado en el suelo detrás de un contenedor de basura y la gente lo rodeaba para no pisarlo. Al llegar a su lado gruñó como una bestia, se levantó y, cojeando, se marchó.  Por mi maldita manía de ayudar sin que me lo pidan, él abandonó su refugio.

viernes, 20 de febrero de 2015

Secretos de colegio


El día en que comenzó a salirle a Carmela el sarpullido negro en los brazos, un misterioso incidente ocurrido en un tren con parada en su localidad mantuvo en vilo a todo el  país. Contaban los medios que, tal y como se pueden ver en las grabaciones de seguridad, el ferrocarril entró en el túnel que atraviesa el monte mágico de los Templarios a las 08:50h de la mañana y salió media hora antes retornando a su punto de partida. Los pasajeros, perplejos,  juran... (continúa)

miércoles, 17 de diciembre de 2014

"El juglar es un exorcista de demonios en época de crisis, hace soñar"

El actor Matías Tárraga recorre el mundo leyendo caminos con los pies, viste y se alimenta de todo público que le ofrezca unos dineros

Trotamundos, artista de la palabra y el verso que nos pinta la realidad a través de su juego: el verbo. (Continúa)


jueves, 6 de noviembre de 2014

Silencio: un maasai sueña

Partimos desde Valencia rumbo a Kenia para ser testigos del cumplimiento de un sueño: el sueño de William Ore Pele Kikanae, un niño maasai, que ahora, 40 años más tarde, ha hecho realidad.


Sobrevolando Nairobi viene a mi mente la melodía de la banda sonora de película Memorias de África: “I Had a Farm In Africa”, del compositor John Barry.
Un momento, no sigas leyendo, espera. Tómate un segundo y deja que te envuelva la música hasta que puedas escuchar la voz Maryl Streep decir: “Yo tuve una granja en África” ¿verdad que sientes que tú también tuviste que dejar un día arder aquella “granja” que ya nunca existió? (Continúa)

martes, 22 de abril de 2014

Al alba



Emergiste de la tierra y un rayo de sol te iluminó. Creí que eras una escama de sirena.
Bien me avisaste: no podía besarte, ni tocarte… si lo hacía sería tu fin.
Pasó un año y me dijiste que lo nuestro acabó, tú tenías un destino, un mundo… y yo no debía gastar mi vida amándote; me pediste perdón por quererme.
Eras así, tan fuerte y tan frágil…(continúa)

martes, 18 de febrero de 2014

Aquella tarde

Supe que te acercabas a mí por el dulce escalofrío que sacudió mi piel. Incliné hacia atrás la cabeza para que mi pelo te rozase al llegar. 

Respiré hondo y cerré los ojos al sentir tu presencia, tu calor.

Posaste tus manos sobre mis hombros y presionaste, levemente,  tu torso contra mi espalda. Un hormigueo recorrió mi vientre y bajó hasta mis muslos, tensándolos; tomé aire y lo retuve, permanecí así, sin prisa, equilibrando el vértigo, el temor y el deseo.

Acariciaste mis brazos y tus dedos, como brasas, bajaron hasta mi cintura, y despacio, sin dejar de tocarme, te detuviste en las caderas. Las sujetaste con firmeza y tiraste de ellas, hacia ti, con fuerza. Mordí mis labios y contuve la respiración. Mi corazón estaba a punto de estallar. 

Por un segundo rocé tu cuerpo y entonces tú me impulsaste de tal modo que, al abrir los ojos, me perdí volando en el azul del cielo y no pude evitar un gemido de placer cuando, al caer desde lo alto, me volviste a enviar a las nubes empujando, de nuevo,  el columpio.


















Fotografía de César Cerón 

domingo, 9 de febrero de 2014

Leyendas a orillas del Mar Menor

Atardece en Santiago de la Ribera. Dos mujeres, vestidas de militar, caminan despacio hacia la playa. Dejan tras ellas la entrada de la Academia General del Aire. Se acercan a un grupo de eucaliptos que hay junto a la orilla.
Se detienen frente al tronco de uno de los árboles y una de ellas lo acaricia. Aprieta los labios, agacha la cabeza y suspira antes de comenzar a hablar.

- Desde hace 10 años, casi todas las tardes, paso por aquí, pero hoy estarás tú aquí- dijo Laura, sollozando y temblorosa, dirigiéndose a Ángela, su médico- Conocí a Nacho cuando yo tenía 19 años y él 17; por entonces yo preparaba mi oposición para el Ejército del Aire…¡por Dios, Ángela, ayúdame!

sábado, 25 de enero de 2014

El unicornio púrpura

Recostada junto a mi unicornio púrpura acaricié sus ojos húmedos; él me miró y los cerró. Al oído le susurré la que siempre fue nuestra canción de amor y él, amargamente lloró. Exhalé mi aliento en su cuello y clavé mi daga en su pecho. Su cuerpo se contrajo hasta partirse y ni siquiera gimió.


Arranqué su corazón caliente y latiendo lo enterré, envuelto en seda roja, junto a la Mandrágora. Las hadas dijeron que era la manera de poner fin al hechizo de la mirada de la Mamba Negra.

Mil años vagué por los bosques y cada luna llena quitaba las hierbas de su tumba hasta que llegó el día que de la tierra asomó un capullo de seda roja.

Lo desenterré y lo llevé a nuestra cueva. 

La crisálida fue creciendo, se transformó en el más hermoso y majestuoso de los unicornios y regresó junto a su manada.

Pasaron otros mil años. Yo lo amaba cada día más pero él ya no me reconocía.

Clavé las uñas en la tierra, en esa misma tierra dónde una vez custodié su alma. Cavé hasta sangrar; el dolor me consolaba.

Cubrí de arena las piernas y la cintura. Corté mis venas y antes de darme la estocada mortal me despedí de mi vieja amiga la Mandrágora. Ella, con sus ramas, terminaría de enterrar mi cuerpo.

No tembló mi pulso pero mi mente quedó paralizada ante la mirada intensa de unos ojos.


Cuenta la leyenda que Derom, el rey de los unicornios, se adentró un amanecer en el bosque y vio bajo un arbusto, enroscada en el suelo, a la Mamba Negra. Sintió un dolor terrible en el pecho y su mente, de pronto, recobró la memoria que la sierpe le arrebató.

Cortó y atravesó con su cuerno la cabeza de la serpiente y la lanzó a lo lejos. Quedó estupefacto al ver unos cabellos dorados que sobresalían de la tierra y escarbó. Gritó con impotencia al reconocer el rostro de Gea, su esposa.

Aún estaba caliente pero el mal del reptil se había apoderado de ella. Con su asta abrió el pecho de la muchacha y sacó su corazón. La Mandrágora le entregó un pañuelo de seda roja para envolverlo y enterrarlo.

Quemó la cabeza de la Mamba Negra y esparció sus cenizas sobre la arena que cubría a Gea, tal y como le dijeron las hadas.

Esperó mil años. Cada luna llena quitaba las hierbas que crecían sobre la tumba. Por fin un día, de la tierra asomó un capullo de seda roja.

Lo desenterró y lo llevó a su cueva. 

La crisálida fue creciendo, se transformó en la más bella y majestuosa de las mujeres.

Pasaron otros mil años. Él la amaba cada día más y ella al oído, como tantas veces, le cantaba aquella canción de amor.

domingo, 19 de enero de 2014

Lo intenté, pero va a ser que no, es imposible.


Sin nombrarlo, ayer hablamos toda la tarde del dolor, del amor y de la amargura; hasta nos atrevimos a nombrar la muerte. La de ella, la de nuestra “ella”.

Hace tiempo que rondaba en mi cabeza la idea de hacer un microrrelato basado en vuestra historia y tú confesaste tener uno ya acabado.

Así que, para inspirarme, recordé vuestro salón presidido por Buda y con aroma a incienso; junto a una de las ventanas, la mesa donde tres mañanas y tres noches compartimos nuestras vidas.

Te veía a ti, con los brazos cruzados frente al fogón, esperando que la cafetera reventara y que, con su explosión, rompiera por fin ese mal hechizo que os envuelve.

Incluso, en mi mente, percibía el arrastrar cansado de sus zapatillas que como una lija, paso a paso, te arrancan la piel.

Me acordé de una conversación en la que me decías:

- “¿Tú sabes? Ha pasado mala noche, tiene la quimioterapia dentro de unas horas y eso no la deja dormir. Ya de madrugada ha sido horrible, yo estaba en la cocina haciendo la comida para dejarlo todo listo, cuando de repente oí un golpe, creí que se había caído su bastón. Me acerqué a la habitación y la encontré tirada en suelo, en la esquina del cuarto, solita, acurrucada. Ella ni se quejó y yo me quería morir.

Más tarde, preparé la bandeja con el desayuno y me dirigí al salón. Allí estaba ella, esperándome como cada mañana, agradecida pero ausente. A veces no la reconozco o tal vez sea que ya no sé ni quién soy yo. Acabó su café y encendió un cigarro y su mirada se fue tras la espiral del humo. No sé dónde viajaron sus pensamientos y yo hubiese querido convertirme en niebla para irme con ella”. 

Ahora cierro los ojos al rememorar ese momento en el que, temblorosa, me hablabas y te vi, te vi allí transportando una bandeja hacia ninguna parte, colocarla frente a ella y poner azúcar en su taza de café. Dices que es de lo poco que ya le apetece tomar y yo pienso que tú eres quien saborea cada uno de sus sorbos. Te veo encender el equipo de música y charlar con ella y siento cómo congelas cada segundo porque esos segundos son lo único a lo que puedes agarrarte… y escucho el sonido de las canciones de vuestra vida y cómo sus letras guardan silencio.


Lo intenté pero va a ser que no. Es imposible. 

Al final, como se puede comprobar, yo escribí un dramón cursirosado y tú una tragedia cubana. Y juro que me esforcé en mantener de fondo, mientras ordenaba las letras, el sonido de unos violines plañideros para ambientarme y, que sepas que, no me tomé una “Coronita” porque era tan tarde que hasta las tiendas de los chinos estaban cerradas.

Pero seguí en el intento de conseguir reducir vuestra vida a un relato de 150 palabras (es mi TOC) así que te pedí que me enviases el listado de vuestras canciones más íntimas; eres tan obediente que tuve que esperar hasta las dos de la madrugada; quedé pasmada cuando por fin recibí la lista que literalmente reproduzco: imagine, tres por cuarto, lechona, las danzas de cervantes (tal cual).

Después de ver varios vídeos sobre cómo hacer al horno tres cuartos de lechona en el restaurante “Danzas de Cervantes”, claudiqué.

Así que, hermana, abandono el intento de escribir el microrrelato, no puedo escribir en modo “drama” porque pienso en ella, en nuestra “ella”, en su risa pícara y en ese puto cigarro que se llevará al infierno o al cielo, pues será ella quien elija ir adonde no esté prohibido fumar.

martes, 14 de enero de 2014

Un soplo es la vida


Pues la llevé al restaurante ese que tiene un piano de cola blanco y candelabros plateados sobre los muebles y la barra del bar; y en las paredes hay colgadas fotografías de Marylin, Elvis, Elizabeth Taylor, Marlon Brandon, la Garbo y James Dean. Seguían teniendo en cada mesa una velita blanca con olor a vainilla y  flores frescas de lavanda.

Estos artilugios con ruedas están muy bien, así que la senté y nos fuimos despacio por el boulevard; yo le recogía hojas secas y parduscas de los árboles, de las que había por el suelo y le explicaba a qué especie de ellos pertenecía y acercaba su manita para que acariciase los troncos frescos.

No le dije dónde íbamos pues quería darle una sorpresa.

Eso sí, me encargué de tenerlo todo preparado: la papilla de frutas que olía a manzana y plátano (muy, muy dulce), unas galletas María, unos pañales, el babero rosa de corazones que le gusta y una chaquetita por si le daba frío.

Ya en el local, me senté junto a ella y comencé a darle su comida. Yo me pedí un entrecot a la pimienta verde y un vinico de Jumilla, uno al año no hace daño y, aunque mi paguica es pequeña, era su fiesta de cumpleaños.

A la hora del postre, Mario, el dueño del bar, apagó las luces y trajo una tarta chiquita de merengue llena de bengalas chispeantes y dos velas rojas con forma de números.

Ella fijó la mirada en las llamas como si estuviese hipnotizada. Volvió sus ojos hacia mí y me habló, sí hija, te juro que habló y me dijo:

- Pero, ¡qué viejo estás, Pepe! Hay veces que creo venir del cielo o del infierno, no sé... y ahora te veo aquí a mi lado. ¡Cómo es la vida, Pepe! ¡Qué rápida pasa! Un soplo es la vida.

Tuvimos hijos y sufrimos mucho para darles una carrera y un porvenir y ellos nos dieron cinco nietos. Pasó el tiempo y solo nos visitaban una vez al año ¡van los pobres tan ocupados con sus cosas, trabajan tanto...! No éramos ni felices ni desgraciados y, poco a poco se nos acabó el deseo, el amor y lo peor... hasta la ternura y entre tu butaca y mi sillón, se hizo una grieta, un abismo, y hasta nos molestaba la compañía y el olor.

Recuerdo mi cara siempre amargada y la tuya ausente.

Y yo empecé a perderme y tú dejaste la pesca y te dedicaste a pegar notas por la casa:  en la nevera, en el espejo del baño, en la puerta del armario del dormitorio, en las llaves... 

Ahora te tengo enfrente, me miras como a una niña, me coges de la mano... y te detesto porque lo que quiero es que me toques ¡tócame! ¡tócame como se toca a una mujer! ¡Por Dios…!  Pero ¿en qué momento dejamos de acariciarnos? 

Anda… acércate que llevas unas migas de pan en la corbata… ¿Sabes? a pesar de todo, en este instante de lucidez eres a quien quiero tener cerca. Pero qué viejo estás, Pepe,…no llores, tonto, que los hombres no lloran.

Nena, y eso fue lo que pasó. No te enfades, hija, hay cosas de los viejos que tú nunca entenderías.

Y sí, fui a la residencia, me llevé a tu madre a cenar y de vuelta, me perdí porque yo estoy con también con ese mal y en su próximo cumpleaños me habré olvidado de ella.


domingo, 5 de enero de 2014

Un sueño de la experta en Microcréditos Rosa Escandell

“Somos mujeres que tejen su futuro”

“He visto a mujeres de varios continentes lograr su emancipación con sus manos y un microcrédito. Si ellas lo consiguieron, ¿por qué no en España?"


Fotografía: Inmaculada Barranco

Tras 16 años por América Latina, Asia y África impulsando el microcrédito como medio de financiación a proyectos de trabajo para mujeres en situación de pobreza y marginación social, Rosa Escandell (Alicante, 1967), decidió asentarse en su ciudad natal para crear y dirigir una empresa de inserción, A Puntadas S.L, que sirviera de puente entre mujeres en situación de exclusión y desarraigo social y su normalización en el ámbito laboral. 

“Soñaba con quedarme en España definitivamente –comenta Rosa- y aprovechar mi experiencia para ayudar a personas en situación de desigualdad”. 

jueves, 2 de enero de 2014

El ritual

En la montaña gris y a la luz de una gran hoguera se encontraba, al atardecer, la tribu reunida.

Te plantaste frente al Consejo en la última luna de invierno y solicitaste el ritual para convertirte en guerrero – dijo solemnemente Zulkur, el rey.- Hoy nos sentimos orgullosos de ti y tu familia goza ahora de gran honor.

El Hechicero nos relató con asombro la manera en que aguantaste de pie, cuatro días y cuatro noches sin comer, ni beber, ni dormir.

No te quejaste y ni siquiera hiciste una mueca de dolor cuando tatuaron con hierro candente todo tu cuerpo.

Metimos por tu garganta y nariz unas plumas para que vomitaras tu niñez, impasible mirabas los restos en el suelo.

En tu rostro no apareció ni un signo de debilidad cuando, al oscurecer, entraste en la gruta de la manada de la gran loba blanca, que tanto daño ha hecho a nuestro pueblo.

Al amanecer, cuando llegaron a recogerte, estabas de pie en la entrada de la cueva, portabas las garras de la bestia y de tu boca no escapó ni un lamento a pesar de la herida del terrible zarpazo que cruzaba tu pecho. Jamás nadie había realizado un acto tan heroico y demostraste gran piedad al perdonar la vida de sus cachorros.

Hoy podemos dormir por fin tranquilos. Es un gran día para todos nosotros y nos has liberado de nuestro peor enemigo pero aún así, tenemos normas, costumbres y leyes que no dejan que tú, bella Szuan, seas un guerrero.

…………………………………………………………………………………………….

Szuan, un año después, recordaba ese momento y el dolor que sintió ante esas palabras. Dolor incomparable al que ahora le mordía las entrañas mientras escuchaba, a solas en la tienda del jefe, el veredicto del Consejo de Ancianos.

Quedas expulsada de nuestro poblado – dijo Zulkur con voz de hielo- trajiste la desgracia a nuestras casas cuando mataste al gran lobo blanco. Desde entonces la gente no es supersticiosa y cuestiona nuestras decisiones y, por si fuera poco, ya no son necesarios los guerreros que, fielmente, nos obedecían. ¡Vete! Diremos que has muerto y que eres un demonio, un fantasma para nosotros ya que, solo así, volverá la paz y el orden a esta tribu.

Esa noche nadie lloró por ella.

Al amanecer Szuan escuchaba a lo lejos el griterío de la tribu. Sobre su caballo respiró en paz, profundamente; bajo la ladera veía al gentío que, horrorizado, miraba las cabezas empaladas de Zulkur, la del Hechicero y las de los ancianos del Consejo.

Cabalgaba despacio por el valle. La acompañaba una manada de lobos.

Un cuento es el mapa de un tesoro

Entrevista a Lorenzo Hernández Pallarés.

“Los cuentos no solo abren el corazón sino que son el mejor alimento de nuestra conciencia”.


Mientras leía este libro me vino a la mente una entrevista que le hice a Lorenzo Hernández Pallarés. Aquí os la dejo, para mí supuso un antes y un después a la hora de entender los cuentos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

AP 7 salida 787

Cada tarde me asomo para verte pasar bajo el puente de la autovía.

Me gustaba meterte mano mientras conducías. ¡Cómo te enfadabas! No soportabas que te distrajese si ibas al volante.

Creo que por eso ahora cuando te cruzas conmigo es como si no me vieras.

Lo que no entiendo es por qué, cada año, el cuatro de julio, te paras frente a mí, dejas una rosa y una lágrima a mis pies y sin hablarme, te marchas.



En el bosque

Te acercaste a mí, tocaste mi pecho y lancé mi alma al infierno, sin pactos.
Me cegó tu olor, tu sabor y el deseo.
Mis manos eran garras que sujetaban su presa; mi boca ansiosa recorría tu cuerpo como un sendero húmedo, caliente… hasta llegar a morder la pared y lamer su veneno; tus piernas, dos árboles furiosos, encadenaban mi razón, mi cabeza.
Lo poco humano que quedaba de mí se fue con tu grito. Abrí los ojos, tu mirada incendiada dominaba mi cuerpo que se doblegaba.
La sombra alada de tu figura cayó sobre mí y nuevamente fui hechizada ante tu gris plata y tu conjuro.
Mi propio alarido me sumió en el encantamiento. Sucumbí.
Tu tótem contra mi kobong.
Como dos bestias, esa noche, tomamos el bosque. Un cuervo nos condujo hasta nuestro destino.
Lilith abrió sus brazos y rugió. Las nubes se abrieron para dar paso a la luna.
Ni tú ni yo éramos ya humanas.




Bajo tu piel: Tú

Aparecías corriendo por la facultad, no porque fueses deportista sino porque siempre llegabas tarde.

Volvías locas a las tías tan solo con una sonrisa y yo me ponía celoso si te miraba mi Lola.

Me pediste que esperara en la puerta del quirófano y te juro que lo hice por ti, porque si algo odio son las batas verdes.

En la habitación, ya solos, me diste las gracias. Brillaban tus ojos.

Pasaba el tiempo y cada día eras menos tú o más… no sé.

Meses después, en clase, te reconocí, y ¡cómo no, llegaste tarde!

Y ahora vuelves locos a los tíos con esa condenada sonrisa.




Pues ná...

Que estoy regular, nena.
Al final te hice caso y puse distancia; corté hilos...

Y como dice el chiste: "un clavo quita otro clavo pero el martillazo no te lo quita ni Dios…"


Solo tú hablabas

No escuchaste mi mirada, tus ojos apenas se posaron en mis labios; esa línea de silencio y de grito roto, ésa que como un látigo usabas, una vez más, como un cepo, mató mi esperanza.

La cuenca de tus ojos

Suspiras.
Desde el fondo húmedo del azul de tus ojos parto temerosa cuando parpadeas.
Te estremeces.
Mi roce deja un hilo de plata en la piel de tu cara, tu pómulo.
Pronuncias nombres que desconozco y en caída libre me precipito por tu mejilla.
Siento vértigo porque sé, que si alcanzo tu cuello, tu pecho... te perderé. 
Gimes.
La comisura de tu boca me rescata, me fundo en el roce acuoso de los labios, la lengua... regreso a ti y a tu medio, al milagro de formar parte de tu mirada y vuelvo a ser, de nuevo, tu lágrima.



viernes, 27 de diciembre de 2013

No vi llegar al lobo y me avisaste

Caminé con mis zapatos de cristal.
Ya lejos quedaba el bosque y, sin carroza, 
no pude cumplir la promesa.





domingo, 15 de diciembre de 2013

Taza de letras

Una novela cerrada, una taza llena; el aroma del café y el del libro al pasar sus hojas, el sonido de la calle. Leo sus páginas mientras doy unos sorbitos. Al terminar veo la taza vacía pero mi mente esta llena de letras; cojo un bolígrafo, abro mi libreta y en una hoja en blanco comienzo a escribir.


La idea de "Taza de letras" surge una mañana mientras desayunaba, en el Caffe delle Rose del barrio de Triana, en las Palmas de Gran Canaria. ¿A que solo el cartel ya es sugerente?


Incluso en verano, el calor que desprenden las tazas de café o té recién servidas, me producen cierta calma espiritual; no porque sea yo de espíritu inquieto sino porque esa cálida textura me produce quietud interior... esa paz que necesito para poder leer sin interferencias mentales ni emocionales, sosiego que para mí, no es poco.

Suelo llevar una mochila pequeña (grande no porque acabo llenándola de papeles, botes, trastos...que al final no sirven para nada), en ella meto el libro que llevo en danza, un bolígrafo y una libreta pequeña de color negro.

Hasta ese día, en Triana, no caí en la cuenta de que seguía siempre el mismo ritual: Coloco a la izquierda mi lectura y como soy diestra, la taza a la derecha. Cuando acabo mi bebida cierro el libro y es entonces cuando saco el cuaderno, la pluma y... escribo. Así que sobre la mesa puse los relatos de Alice Munro "Demasiada felicidad" y me tomé mi "cafecito" canario.

Curiosos momentos en los que nuestros pequeños gestos son toda una revelación y el comienzo de un proyecto como este: la imagen de un libro, una taza y después... unas letras inspiradas por el entorno.


Me cubría una sombrilla color arena que me protegía, no del sol, sino de la suave llovizna que regaba la calle ¡qué agradables resultan los chirimiris veraniegos!

Justo al terminar de leer el último relato de la que es, curiosamente, hoy premio Nobel, comenzó a sonar una canción de la Orchestre El Gusto que me hizo sentir no solo en otra época sino también en otras tierras.



Es sorprendente a qué paisajes nos puede llevar la música.

Así que abrí mi cuaderno y dejé que las letras inundaran sus páginas. La música, el agua, el paisaje... dejaron su huella, en la que hasta entonces era una hoja en blanco, sellando con tinta esta historia.


Cerré la libreta, guardé todo en la mochila y partí con esa sensación de vacío que nos queda cuando expresamos la magia con las letras.

Al día siguiente caminé rumbo al barrio de Vegueta, muy cerca de Triana, buscando un rincón;en otra cafetería, "Tamada" para continuar con mi ritual, ese en el que saco un libro, un cuaderno, un bolígrafo y veo la vida pasar al cálido aroma de un café.


Hoy estoy en otra ciudad... y ya tengo algo nuevo que contar.

lunes, 4 de noviembre de 2013

“Corazón Reparador”, el economato social, sin ánimo de lucro, que desde hace un año abre sus puertas en Torre Pacheco.”

“No es fácil ir a un aniversario donde te toca estar en la parte de los que reciben la ayuda”

Fotografía: Inmaculada Barranco

En marzo de 2013, Cáritas Parroquial y la Congregación de Religiosas Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús inauguran este novedoso supermercado que cuenta con la colaboración de 70 voluntarios y que posibilita una compra digna, a más de 160 familias que se encuentran en una situación de dificultad económica. (Continúa).

lunes, 30 de septiembre de 2013

Es posible medir la calidad de los eventos deportivos populares

“Tengo 24 años. Nací en Santiago de la Ribera. Soy investigador y deportista. Estoy diagnosticado de Bradicardia de tercer grado. “Los médicos me dijeron: Tu cuerpo lo conoces tú y tú has de marcar los límites. Soy timonel en un C10”.